Abro la compuerta
de mi corazón
de mi corazón
y ejércitos de arqueros
con banderas blancas
surgen de repente
con alegre estruendo.
Cabalgando victoriosos
en la Melodía viajera,
lanzan flechas
como salvas,
saludando a mi maestro.
Brotan imparables
mil versos alados
de mis pensamientos
y fluyen de mi pecho,
palomas mensajeras
que inundan el cielo.
¡Volad, volad ligeras!
¡Palomas, flechas y versos!
¡Cruzad la Tierra entera
más veloces que el viento!
¡Llevad en andas
mi anhelo,
mi alma,
mi aliento;
mi voz de poeta,
de poeta del pueblo,
que le canta
a mi maestro:
Daisaku Ikeda,
la canción
del Agradecimiento!
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