Y he sentido
maestro,
caminando por la
Tierra que escogiste
para mi,
que mis ojos
eran las estrellas
y los destellos del sol,
mi corazón.
Mis cabellos
la prolongación
del viento.
Mi piel,
la suave hierba.
Mi cuerpo inmenso
sano
diluido
en el aroma
del paisaje.
Tierra, Fuego
Agua, Aire.
Mi mente
bella
inacabable,
límpida
como el cielo.
Serena y vigorosa
como la Santa Victoria
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